La enseñanza como delito obligatorio hasta los 18 años

Parece ser que los fariseos quieren ahora  obligarnos a seguir delinquiendo contra los adolescentes hasta los 18 años, edad a la que alcanzan la mayoría de edad y ya podrían defenderse legalmente de nosotros.

¿Qué puedo decir?
La madre que los parió.
Una buena parte de los sufrimientos actuales de nuestra sociedad está directamente relacionada con el infame esquema educativo que, hablando a la pata la llana, es simplemente una copia literal del esquema educativo que ha permitido a la alta burguesía de Estados Unidos hacer de su país lo que es: su cortijo.

Si podemos, en familia, pasarnos por el forro de los caprichos los tratados psicopedagógicos, el esquema se resume en un sencillo eslogan:  todos juntos a la fuerza hasta los 16 años.
Sencillo y directo al mentón. Una genialidad que garantiza la segregación, la riada de generaciones de fanáticos y borregos y la dominación absoluta del cotarro por una élite sádica y antidemocrática.

Podríamos contar el chascarrillo de que a los 16 años RImbaud ya había escrito algunos de los poemas que lo han hecho inmortal y que Alejandro Magno a esa edad, ya había conquistado, como quien dice, medio mundo ¿Te imaginas a RImbaud intentando aliñar unas rimas en cierto tipo de aulas de 3º de ESO que existen a millares en este país,? ¿Y a Alejandro Magno luchando por rellenar los huequecitos de un examen de competencias básicas?

Pero hace mucho que no estamos para chascarrillos. Ese esquema educativo predice, por supuesto, que junto a la purria de la secundaria pública existirá una secundaria privada  que alcanzará la “excelencia”. Y, por supuesto, junto a la purria de la secundaria pública de las zonas marginales, estará la secundaria pública más o menos sostenible de los barrios y pueblos privilegiados.

Lo fundamental, por tanto,  de este esquema educativo es su poder segregador. Una de las cosas más difíciles de tragar es que fuera un partido que se dice de izquierdas, el que abriera el melón y fundara este esquema, con una Ley que sus sucesoras no han hecho sino maquillar un poco para que se le vea menos… el esquema.
La sencilla fórmula de “todos juntos a la fuerza hasta los 16 años” (todo lo demás importa un bledo), hunde completamente las expectativas de una rutina educativa diaria normal en los centros atestados de alumnos con patologías e inadaptaciones sociales varias. ¡Es que no hay nada más que decir ante esta obviedad!

No tengo ganas de hablar del acompañamiento de ese esquema. No tengo ganas de hablar, por ejemplo, del potaje de Informes Risa, habilidades, competencias y brujuleos que humillan cada día más a los profesores y los convierten en burrocrátas de carga,  encenagados cada vez más rellenando miserables formularios y mamotretos.
Solo recodaré que este castrante papeleo, al menos, tiene la utilidad de contribuir con su granito de arena a hundir la cacareada calidad de enseñanza: esa infinita pérdida de tiempo se lleva horas y horas que los profesores podrían dedicar… a trabajar. La calidad de enseñanza  queda sustituida por una excelencia farisea, oscurantista y bochornosa ¡y todos a tuitearlo!

Muchos ya tenemos internet. Sabemos perfectamente que es demencial obligar ir a la escuela hasta los 18 años a una amplia gama de personas con necesidades e intereses muy diversos.  Dentro de esa gama, cualquiera puede imaginarse a su hijo o a su hija en en  la misma aula, 30 horas a la semana, con según qué tipos de personas de 17 o 18 años…
Esa basura intelectual de la obligatoriedad hasta los 18  es de la misma calaña que  Top Hits demagógicos como el de Que nos quiten a los hijos de encima cuantos más días mejor o ese otro de Que los maestros no tengan tantas vacaciones.  Ya somos uno de los países de la OCDE con más días y horas de clase al año en secundaria, si no el que más a día de hoy en algunas Comunidades Autónomas.. ¿Y qué?  La salvajada de no adaptar el año escolar al año meteorológico del país, como con dos dedos de frente se ha hecho siempre en muchos países, ¿ha arreglado algo?
Definitivamente, la sociedad debe ofrecer otros modos de educarse, de formarse a muchas personas. Sin esperar a los 16, por supuesto.

Una de las grandes mentiras de las llamadas sociedades abiertas es la igualdad de oportunidades.
¿Existe la igualdad de oportunidades? No; lo que existe es la dominación por capacidades. Todas las personas con ciertas capacidades podrán luchar por conseguir  los premios de la lotería social. Es una gran hipocresía. Todos sabemos perfectamente que no toda las personas pueden ser, por ejemplo, premios Nobel o sublimes cantantes. Una sociedad con una verdadera igualdad de oportunidades sería una sociedad que compensase  las desigualdades biológicas.

Pero es que resulta que, además,  hay quien quiere mecanizar la desigualdad social y convertirla en Anexo:Movimientos aéreos de lucha libre profesional - Wikipedia ...un artefacto que funcione como un reloj y mantenga eternamente el sistema implícito de castas. Igual que hace la biología con los premios Nobel, en el terreno social ser pobre tiene que convertirse en algo hereditario.
Este esquema educativo se caracteriza, precisamente, por dinamitar la igualdad de oportunidades, porque llena de minas el camino hacia las oportunidades de los más desfavorecidos. Es una agresión, un delito contra la igualdad de oportunidades. Prolongar la pantomima hasta los 18 solo es otro hiriente y vergonzante  gesto de cinismo.